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sábado, septiembre 01, 2007

La frontera de la endogamia

[El pasillo de un segundo piso de un hospital. Tal vez un tercero o un cuarto. Enmoquetado, de verde cesped inglés. Las paredes blancas, el rodapié blanco. Es un pasillo largo y ancho. A un lado y a otro hay puertas cerradas. Entre una serie de puertas dos celadores se apollan en la pared. Visten de blanco: pantalón, camisa y bambas. Si cierran los ojos, se confunden con la pared.]
CELADOR1: Mi parienta anda descontenta con la paga. Dice que ella en una mañana gana el doble. ¡Na! Especulaciones interesadas. A mí me parece un salario justo y no me deslomo a trabajar.
CELADOR2: Amén a eso, hermano.
CELADOR1: Pude haber entrado en una fábrica.
CELADOR2: ¿Pudiste?
CELADOR1: Trabaja allí mi viejo, quería enchufarme. Soldar, ensamblar.
CELADOR2: Y lo dejaste pasar.
CELADOR1: Hay que madrugar mucho, colega. Las mañanas en esta ciudad son muy traicioneras. Y yo soy un hombre muy delicado. Además no quiero acabar chinado.
CELADOR2: ¿Chinado?
CELADOR1: Ímagínate, siempre el mismo movimiento, la misma postura, de locos. Acaba saliéndote callo. Y la mente se pierde en derivadas. Na, que me echen un galgo. Mi viejo tiene unos ticks rarísimos, ya no voy a comer a su casa, da un poco miedo.
CELADOR2: Pues aquí estamos rodeados de pirados.
CELADOR1: Nos llueven.
[Silencio. Se abre una de las puertas, no lejos de los celadores. De ella salen el Dr. Zack, airado, y Desmond, colorado como un piroclasto incandescente. Pasan por delante de los celadores, que se enderezan y carraspean ruidosamente. A grandes trancos se pierden por una esquina del pasillo. Los celadores les han seguido con la vista y cuando desaparecen se miran el uno al otro.]
CELADOR1: Claro que si me llaman de la Ford puede que me lo piense. Encajar, atornillar.
CELADOR2: El peor de todos es el de la bata blanca.
CELADOR1: Si no fuera por lo que birlamos en el almacen y lo mucho que nos renta, de qué íbamos a seguir aquí... Y por la gasofa que limpiamos de los coches del parking.
CELADOR2: Amén a eso, hermano.
CELADOR1: Vamos, te invito a un flan, tengo unas cuantas docenas en la taquilla.
[Se van. O no. Todo está demasiado blanco en ese pasillo. Menos la moqueta, que fue parte de un minigolf.]
Por Frank Deporto

miércoles, septiembre 13, 2006

La estática de la endogamia VI: el funcionario de la estrella de plata

(Un despacho. No muy grande. No más de lo habitual. Una mesa, dos sillas ergonómicas, un par de estantes. Aluminio y cristal. Nada de madera. Una ventana cerrada, un alféizar vacío. Un lugar escueto y funcional. Sobre la mesa una placa metálica lleva esta inscripción: Dr. Brown. Frente a la placa está sentado un hombre en pijama. Es líquido, pero espeso, con una capa de nata cubriendo la superficie de la leche. Frente a él otro hombre de apariencia cansada, ojeroso, astrado, de apostura casi aguardentosa. Aún así, está sobrio).


Desmond - El hombre de la Fender Stratocaster suele tener la última palabra. Es imposible meter baza, Doctor. Viene cargado de flecos y a uno se le nubla la visión. Y es flecos, flecos y flecos. Entonces tratas de decirle algo amable, o bromear, o de ser uno más en la pandilla, y él se impone con sus flecos; y más flecos. Y cuerdas de guitarra. Y llaveros. Y llaves, una lluvia de llaves. Y ese taconeo de sus botas de piel…
Dr. Zack - Por eso te fuiste a Tulsa
Desmond - Fue idea suya, quería ir a Califonia. Nos pillaba de camino.
Dr. Zack - California es muy grande, Desmond.
Desmond - Dígaselo a él.
Dr. Zack - (Irónico, teatral) Me encantaría decírselo. Pero no sé a quién dirigirme ¿Hombre, está usted ahí? ¿Hombre? Nada, no contesta.
Desmond - Se llama Fender.
Dr. Zack - ¿Fender el de la Fender Stratocaster?
Desmond - Así es.
Dr. Zack - Dime, Desmond, ¿Cuánto lleva por aquí Fender el de la Fender?
Desmond - Poco tiempo. Unos días antes de…Bueno, ya sabe…aquello…
Dr. Zack - Lo sé, sí... ¿También fue idea suya?
Desmond – Él dijo que necesitábamos una salida dramática. Esas fueron sus palabras exactas: “un salida dramática”. También dijo “mutis por el foro”. Eso le hizo mucha gracia. Me gusta como habla. Y su acento del medio oeste. Por eso se ha hecho el amo del cotarro, Doctor. Claro que no es difícil, los demás no están a la altura, sólo son un incordio, de ahí no podrían pasar.
Dr. Zack - ¿Cuándo dices cotarro te refieres a tu cabeza?
Desmond - Más o menos.
Dr. Zack - (Impaciente) Precisa, Desmond, ya hemos pasado por esto antes…
Desmond - Es que hay algo que usted no sabe.
Dr. Zack - Lo soportaré, suéltalo.
Desmond - Bueno, no sé cómo decirlo, pero verá…Mi cabeza…Mi cabeza es el mismo universo, ¿lo entiende? Me lo dijo Fender.Y tengo que estar bien atento, porque todo depende de mí. Por eso no voy a volver a dormir, sería un suicidio hacerlo, ¿no cree? ¿Qué pasaría si yo me durmiese?… Un desastre, Doctor.

(Pausa valorativa. Silencio forestal)

Dr Zack - No me trago ni una palabra de todo esto.
Desmond - ¿Insinúa que no estoy loco?
Dr. Zack - Al contrario, estás como una regadera.
Desmond - Eso me tranquiliza.
Dr. Zack - Pues te vas a tranquilizar mucho más. Quiero que se acaben los juegos, ¿me has entendido? Nada de fugas, nada de payasadas, nada de novedades. A partir de ahora tomarás la medicación, me encargaré de que se aseguren de que lo haces. ¿Entendido?
Desmond - No trate de dormirme si sabe lo que le conviene. A usted y a todos nosotros, Doctor.
Dr. Zack - (Condescendiente) Sí, lo tendré en cuenta (Pulsa un botón del interfono) Llame a los enfermeros, que se lo lleven.
Desmond - El Sherif era un esbirro suyo, ¿no es cierto? Debí sospecharlo en cuanto lo vi. No me habría atrapado tan fácilmente.
Dr Zack - Calla, Desmond…Calla ya, por favor…Sé buen chico y calla…Tengo estos días mucha falta de sueño…Así que calla...Por el bien del universo.

(Entran dos enfermeros sin llamar a la puerta. Directos, bruscos. Levantan en vilo a Desmond y se lo llevan).
Por Frank Deporto

jueves, agosto 31, 2006

LA ESTÁTICA DE LA ENDOGAMIA V: Nunca es suficiente si de venganza se trata

(Un despacho. O eso parece. La puerta está entornada, el panorama es caótico. Muebles derribados, paredes pintarrajeadas en tres colores: verde, azul, rojo; colores sin suavizar, vivos, primarios; la moqueta está cubierta de una sustancia, turbulenta, rica en fosfatos. Entre el desorden, hay un hombre junto a la ventana. El Dr. Brown. Contempla el teléfono que alguien ha colocado en el alféizar. Pulsa el botón del manos libres y marca un número. Un tono, dos, tres, descuelgan el aparato al otro lado de la línea. El Dr. Brown carraspea y habla. Tiene la manos en los bolsillos y se inclina hacia el aparato.)


Dr. BROWN: ¿Sí? ¿Oiga, el Dr. Zack?
VOZ AL TELÉFONO 1: Un momento, por favor.

(Pausa, sonido de trasiego, unos segundos de indefinición. Alguien coge el teléfono).

VOZ AL TELÉFONO 2 (VAT2): Zack al habla.
Dr. BROWN: ¿Maurice? Soy Brown, tu móvil está fuera de servicio, no lo vas a creer...
VAT2: Te reconocí, Brown, dime, espero que sea importante. Hoy libro...iba a salir a jugar al golf, de hecho me has encontrado en casa de milagro.
Dr. BROWN: Se ha escapado. Ha destrozado tu despacho y te ha embadurnado las paredes con pintadas...
VAT2: ¿De qué me hablas, Brown?
Dr. BROWN: De Desmond. Se escapó de su celda esta noche. Tenía un duplicado de la llave maestra. Lo hemos visto todo en las grabaciones de seguridad. Ha hecho un poco el payaso, para qué negarlo, por los pasillos, abriendo y cerrando puertas, como buscando algo; ahora sabemos qué, entró en el cuarto de mantenimiento...De ahí la pintura...¿Comprendes? Deberías verlo en mitad de la noche andando de puntillas, como si nadie lo viera, o como si caminase a través de un campo minado...Y el vigilante dormido...Alguien tendría que revisar el contrato de ese individuo, seriamente, toda la escena a pantalla completa, Maurice, de un monitor a otro...¿Sabías que esto está lleno de cámaras? Parece Fort Knox, es de locos...Bueno, ya me entiendes, de paranoicos...¿Maurice?

(Silencio valorativo, conmocionado, electrónico; ruido de estática)

VAT2: Te oigo, Brown, te oigo...(Para sí, en un susurro, con voz queda) Ese chiflado...(Al Dr. Brown) ¿Se sabe algo de él?
Dr. BROWN: No, nada. Tenemos toda la aventura hasta que cruzó la puerta del garaje. No me hagas mucho caso, pero me dio la sesación de que se iba galopando, tú ya me entiendes, como hacíamos cuando éramos niños. Claro que da un poco de vergüenza llamarlo a esto fuga, parece que le hubiéramos abierto nosotros mismos la puerta. Estuvo cerca de dos horas rondando el hospital, de un lado para otro. Cargando con botes de pintura, con rollos de papel higiénico y con sacos de sustrato. El jardinero no se lo va a tomar a chiste, el mes pasado me lo llevé a la finca a que me arreglara las parras y es un hombre muy hosco.
VAT2: (Con impaciencia) ¿Y para qué diablos quería todo eso?
Dr. BROWN: (Remiso) Bueno, verás Maurice, tienes que ver tu despacho...Es algo dantesco.
VAT2: (En voz baja, apenas un hilo, para sí mismo) Demente, demente, demente...(A Brown) Iré para allá.
Dr. BROWN: Escucha Maurice, no te preocupes por las consultas, compartiremos despacho una temporada, hasta arreglar esto, yo no tengo problema con eso.
VAT2: Claro, Brown, gracias, ya hablaremos de ello. Pero dime, ¿qué ha pintado en mis paredes?
Dr. BROWN: ¿De veras quieres saberlo? El trayecto en coche es largo, no te conviene...
VAT2: (Sécamente, cortante): Somos adultos, suéltalo.
Dr. BROWN: Capullo. Eso. Varias veces y en colores. Además ha hecho un monigote con cuernos y debajo ha escrito tu nombre.
VAT2: ¡Hijo de...!

(Se corta la llamada. El Dr. Brown se queda plantado delante del teléfono que comunica).

Por Frank Deporto

lunes, mayo 29, 2006

La estática de la endogamia IV: en busca de Shangri-La.

(Escrito en la corteza de una secuoya).

(Una consulta. La de siempre. Dos sillas, una mesa, línea telefónica, poca luz y alguna planta de interior. Hay un perchero del que cuelga una americana de lana. En la consulta dos personas: el Dr. Zack y el Dr. Brown).

DR. BROWN: no sé Maurice, tengo ciertos escrúpulos... aún sin determinar, pero escrúpulos...Primates superiores...No sé...parece transgresor.
DR. ZACK: vamos, vamos, Brown; No somos sádicos que se divierten con ello.
DR. BROWN: ya, claro, ¿pero has visto sus caras? Pareciera que están pidiendo limosna.
DR. ZACK: quizás lo hagan a su manera simiesca (ríe).
DR. BROWN: Yo me desmarco, Maurice...No puedo dormir por las noches de solo pensarlo, es superior a mí; en algún lugar hay que establecer el límite, no estamos en la jodida selva...
DR. ZACK: lo es Brown, lo es. Con sus matices, claro está. Aquí la clorofila es hormigón, pero es una selva a fin de cuentas. Y nosotros somos los brujos, los nigromantes de la tribu, los que se desviven por que la especie llore de placer.
DR. BROWN: un mono se me ha cagado encima; lo encontré reivindicativo.
DR. ZACK: los monos siempre han sido criaturas astutas, por eso nos vienen de perlas.
DR. BROWN: ya, pero...¿Hay algo más humano que un mono?

(Llaman a la puerta. Se abre. Aparece Desmond, tímido, dubitativo, como temiendo estar en un lugar indebido. Se queda en el umbral asiendo el pomo de la puerta, mirándose los cordones sin atar de sus zapatillas blancas de deporte).

DR. ZACK: (por lo bajo, a Brown) hablando del rey de Roma.
DESMOND: hola...No sabía sí...Perdonen...¿Interrumpo?
DR. ZACK: ¡No, muchacho, pasa, pasa! (Desmond da unos pasos hacia el interior de la consulta). Cuéntame, ¿qué te trae por aquí? ¿Conoces a Dr. Brown, verdad?
DR. BROWN: (Carraspea).
DESMOND: sí...Hola...Verá...Yo...
DR. ZACK: suéltalo, Desmond.
DESMOND: la verdad es que...Verá...Pensaba que tenía consulta y como el celador me dejó salir de mi cuarto...No sé, todo ha sido muy...inusual
DR. ZACK: (para sí mismo) Drogata pastillero politoxicómano estúpido mamón. Se nos escapan los pirados (A Desmond, sonriendo como un encantador de serpientes) No nos toca hasta mañana, amiguito. Así que todo ha sido una terrible confusión. Mira, vuelve por donde has venido, vuelve a tu cuarto y ponte la tele. Verás que divertido, mañana hablamos, ¿de acuerdo?
(Zack guiña un ojo a Brown. Brown está como ausente)
DESMOND: sí...Lo que usted diga, Dr. (Desmond se marcha cerrando suavemente la puerta).
DR. BROWN: (incómodo) ¿crees que ha escuchado algo de lo que hablábamos?
Dr ZACK: ¿él? Vamos Brown, seamos rigurosos, que se note que somos hombres de ciencia.(Descuelga el teléfono) ¿Oiga? Sí, Zack...Mire, envíen a alguien al pabellón de psiquiatría...sí, eso es, el celador está colgado de nuevo...No sé, yo he visto a uno por aquí, lo mandé de vuelta, no se preocupen, es inofensivo, lo encontrarán viendo la tele en su cuarto...Sí, un tesoro (Cuelga).
DR. BROWN: caminamos sobre el alambre, Zack.
DR. ZACK: anda, calla, cenicienta...cállate ya.

(Silencio esterilizado en blanco).



Por Frank Deporto

sábado, mayo 20, 2006

La estática de la endogamia III: el hombre mosca


(Publicado en un número 42 de La Gazeta Orange de la sociedad gastronómica Pechuga-Siglo XXI- PSXXI)

(Una consulta de psiquiatría a media mañana. Mobiliario de despacho: escritorio, dos sillas, perchero. Moqueta, paredes pastel. Dos personas. El Dr. Zack, dirigiendo la sesión, y Desmond, paciente. Una ventana, detrás de Zack, cuya persiana, otras veces a medio desplegar, está subida hasta el tope. Sobre el escritorio una mosca vuela incansablemente. Barroca. Desmond se ha despistado con ella. La contempla, enbebido, absorto, ligero).


DR. ZACK: Te gustaría palmearla, ¿verdad? Es un deseo irrefrenable, como un océano.
DESMOND: ¿Palmear...? ¿A la mosca?
DR. ZACK: A la mosca.
DESMOND: No, nada de eso. Las moscas son cojonudas. Me gustan. Para mi gusto hay pocas moscas en el mundo.
DR. ZACK: (escéptico) Ya.DESMOND: Otra cosa distinta sería que fuese una polilla. Me turba su voracidad. Si fuera una polilla la palmearía sin problemas. Podrían comerse una viga de madera y quedarse tan anchas. Putas polillas.
DR. ZACK: Ya (Abre un cajón del escritorio y revuelve dentro. Parece, sin verse, por el sonido a miscelánea, que es un pandemonuim de objetos huérfanos).
DESMOND: cenicientas, polvorientas, satisfechas de sí mismas...
DR. ZACK: Entiendo (sin prestar mucha atención a Desmond, continúa su pesquisa en el cajón. Ha encontrado algo. Lo saca. Es un sprai insecticida).
DESMOND: ...dañinas, destructoras, pringosas...¿Qué hace con eso?
DR. ZACK: (apunta el spray hacia el lugar por donde sobrevuela la mosca) Brown me lo dio hace tiempo...Resulta que su despacho era un imán para los insectos. Un misterio. Ya sabes...(no acaba de decicirse a pulverizar a la mosca. Remolonea apuntándola)...A Brown los misterios le ponen el vello de punta. Y como los enigmas no son lo suyo, decidió, como casi siempre hace, tirar por la calle de en medio... Insecticida (Zack guiña un ojo a Desmond y presiona el atomizador. La mosca hace su última pirueta antes de caer como un pequeño yunque de platero precipitado, en barrena. Tas. Desmond ha seguido la escena con los ojos. Ahora mira el cadáver de la mosca sobre un folio en blanco. Se hace un silencio incómodo. Detrás del Dr. Zack, en la ventana, se va materializando un fragmento. Es una plataforma. En ella un hombre con gafas de sol. El Dr. Zack, impasible mira a Desmond y Desmond desvía la mirada hacia la ventana. El hombre de la plataforma lo sonríe. Las gafas de sol evaporan sus estrechas facciones. El hombre echa mano de una botella de plástico azul que lleva adosada al cinturón, presiona el aplicador, rocía la superficie transparente del cristal con una sustancia jabonosa y comienza a trazar curvas, ángulos y rectas con el limpiacristales de aluminio. Este despliegue geométrico despierta un soniquete gomoso y agudo en el cristal. Desmond está hechizado. El silencio se hace denso en la consulta. Un par de trazos más y el hombre de la plataforma ha acabado. Final. Recoge satisfecho. Antes de irse una palma enguantada saluda a Desmond, la plataforma va despareciendo por el extremo superior de la ventana. Desmond vuelve a mirar el cadáver de la mosca. En su mente hay una peculiar concomitancia entre el hombre de las gafas de sol y ese diminuto cuerpo exánime. Zack carraspea.

DESMOND: cada día es usted más desagradable, Dr.
DR. ZACK: vamos, vamos, exageras.

(Fundido en negro).
Por Frank Deporto

lunes, abril 24, 2006

La estática de la endogamia II: epifanía

(Escrito en los márgenes de un ejemplar del New Yorker)

(La consulta de un psiquiatra. Una mesa de madera, dos sillas, una puerta, cuatro paredes pintadas de azul turquesa, una ventana a medio abrir, una maceta; un reloj de pared en cuyo fondo, en grandes letras negras de imprenta, se lee: Remember Moscow; un calendario de la Nestle, un perchero, una americana de mezclilla con coderas de cuero colgada, un paragüero vacío, una papelera llena, orden obsesivo, pulcritud, limpieza y dos personas dentro. Desmond, persona número uno. El Dr Zack, persona número dos).

DR ZACK: A ver si lo he entendido bien, Desmond. Resulta que cuando entran en escena Tom, Peter, Paul, Mary, Johnny, Cooky, Mick, Rich, Sammy, Smooky, Dexter Von Dexter, Master Earth, Leña Woodworth o Sesión Doble de Curvas, lo hacen en solitario…
DESMOND: Así es.
DR ZACK: Pero los otros tres, esos que no nombraré porque te causan ansiedad, siempre aparecen en comandita.
DESMOND: Exacto, siempre juntos. Y además se pelean. Con ellos pierdo la calma, Dr.
Dr Zack: Interesante…

(Llaman a la puerta. Desmond y el Dr Zack se vuelven sobresaltados. Pareciera, por eso la inquietud, que los tres personajes mentados fueran a hacer acto de presencia. Una cabeza asoma tímidamente. Poco a poco la sigue un cuerpo mucho más firme y descarado. Hay un hombre en el umbral de la puerta. Desmond mira soprendido al Dr Zack y el Dr Zack, como queriendo abarcarlo todo, les mira alternativamente a ambos. Desmond, el hombre en la puerta, Desmond, el hombre en la puerta, Desmond, el hombre en la puerta).

HARRY PIXEL: Soy Harry Pixel.
DR ZACK: Encantado... ¿Y?
HARRY PIXELl: Pues eso, que soy Harry Pixel, qué más quiere. Harry Pixel, mi nombre. Pensé que se trataba de eso
DESMOND (Absorto, sorprendido, ebrio. Al Dr Zack): ¿Puede verlo, Dr?
DR ZACK (A Desmond) Tranquilo, es de verdad. (A sí mismo, por lo bajo) Madre del amor hermoso. (Recomponiéndose, se dirige de nuevo al extraño) Me temo que no le comprendo amigo. ¿Está usted bien? Espero que no se haya escapado de su cel...Cuarto…
HARRY PIXEL: ¿Cuarto? ¿A qué cuarto se refiere?
DR ZACK: Me refiero a un entorno agradable donde la gente con problemas puede tomarse las cosas con calma. Cálmese, amigo, todo se solucionará, deje que llame a unos amigos para que se sumen a esta agradable charla. (Descuelga el teléfono y comienza a marcar el número de una extensión).
HARRY PIXEL: Brown, es usted un tipo muy raro. Ya me habían prevenido.
DR ZACK: (Cuelga el teléfono) ¿Se refiere al Dr Brown?
HARRY PIXEL: Al mismo. Vengo a ver su ordenador.
DR ZACK: Dos puertas a la izquierda, se ha equivocado.
HARRY PIXEL: Ah (Descarada, firme y tímidamente inicia una maniobra inversa a la que lo introdujo en el despacho. No se ha despedido. La puerta se cierra con un sibilante sigilo reptiliano. Desmond mira al Dr Zack y el Dr Zack mira la puerta. Un breve instante de confusión y caos. Silencio. Al cabo de ese vano, el Dr Zack carraspea y se vuelve a Desmond).
DESMOND: ¿Está seguro de que no era de los míos?
DR ZACK: Absolutamente… (A sí mismo, por lo bajo) A menos que yo también esté como una jodida regadera. Cosa que no descarto.
DESMOND: Pues me quita un peso de encima. Se ha juntado en mí un coro de voces que empieza a ser ingobernable. No quiero ser descortés, pero no hay espacio para más. Pixel hubiera tenido que quedarse fuera.

(El Dr Zack se frota ojos, como si tratase de sacarles brillo. Perece cansado. Se apagan las luces).

miércoles, marzo 29, 2006

La estática de la endogamia


(Escrito en una maceta de terracota)

[Una estancia cúbica. Dos personas dentro sentadas en sendas sillas. Un recio escritorio de roble los separa y estable entre ellos una jerarquía que se hace sustancial en la calidad y comodidad de sus asientos. Desmond es el paciente, el Dr. Zack pasa consulta. Detrás del Dr. Zack hay una ventana en cuyo alféizar languidece un ficus. Una mosca sobrevuela alrededor. Falta una hora para mediodía. Por la persiana a medio cerrar penetra un haz de luz solar que revela una columna de partículas flotantes].

DESMOND: ¿Puedo hacerle una pregunta, doctor?
DR. ZACK: Adelante, te escucho.
DESMOND: Verá, es una duda que me asalta últimamente y que no sé cómo interpretar. ¿Por qué todos los mamelucos me parecen iguales?
DR. ZACK: No sé si me gusta que emplees esa palabra.
DESMOND: Quiere decir que no.
DR. ZACK: Cierto, no me acaba de convencer.
DESMOND: Puedo cambiarla por otra.
DR. ZACK: Hagamos la prueba, a ver qué ocurre.
DESMOND: De acuerdo...¿Qué tal babuinos?
DR. ZACK: Tampoco.
DESMOND: A veces me cabrea usted, doctor.
DR. ZACK: Qué quieres que te diga, Desmond, me suenan igual; incómodas en tu boca.
DESMOND: Estupendo, a este paso acabará dejándome sin vocabulario.
DR. ZACK: No te preocupes, encontraremos una palabra adecuada a tu talla...Veamos, ¿qué tal taladro?
DESMOND: No sé...
DR. ZACK: ¡Es perfecta! Consultemos a Brown...[Descuelga el teléfono. Alguien contesta. Del auricular escapa un rumor sibilante. Desmond se entretiene con la mosca]...¿Brown? Zack, dígame ¿qué le parece taladro?...Claro, sin duda, naturalmente... [El doctor Zack observa a Desmond. Una mueca inidentificable deforma su cara]... como palabra, como palabra...Ajá, ajá...sí...Tiene razón, sustantivo, sí, sustantivo...Muy bien Brown, gracias [Cuelga. A Desmond] A Brown le encanta.
DESMOND: En ese caso...
DR. ZACK: Adelante, expúlselo.
DESMOND: Tengo una duda...Verá...¿Por qué todos los taladros me parecen iguales?
DR. ZACK: No sé qué decirte al respecto. Se me ocurre que parece una cuestión estructural, un mínimo común múltiplo; rotor, motor, carcasa, pulsador encendido/apagado, fuente de alimentación, empuñadura, broca...Hablaríamos de un bien fungible...
[Suena un timbre que pone fin a la consulta].

Por Frank Deporto