| A Tunner-cardiosaludable: Se sospecha que te abrumas, que con frecuencia eres ralladura de limón en el pastel de la abuela. Y no les falta razón. Problemas de cableado, de núcleos caudados, añadiría la bicha viperina. Por eso el pegamento es el último baluarte, El que te abraza, el que te arrulla, el que te acuesta sobre un tierno lecho de hojas de fresno para que duermas feliz. Y por mucho que tu olfato ya no distinga el alimenticio aroma de la sopa en la mesa, tú duermes feliz, inconsciente, vitalmente constante, adherente, empaquetado en secuencias algorítmicas de calma, remblor y carne roja, Duermes feliz. ¡Dios bendiga a la industria química y sus derivados sintéticos! Gracias a ella, podemos decirlo, el pegamento reflexiona por ti, despacha mensajeros a tierras lejanas como carambolas a tres bandas, como voces nasales y suicidas, como un trabalenguas cuyos meandros de baba y letra han sido escritos en la superficie de una moqueta aún por colocar. Gracias a ella, amigo, el pegamento te licencia por una isla cualquiera, y te vuelve una caravana de gitanos búlgaros en tránsito permanente. Gracias a ella: afortunadamente existe el pegamento. |
Por Frank Deporto

